martes, 7 de diciembre de 2010

¿Quiénes forman parte de esta generación?


El futuro es incierto para ellos: son desertores de las escuelas, están decepcionados de los sueldos y prefieren no trabajar.
Saben que difícilmente podrán tener acceso a una casa propia, a un coche, al seguro social o la posibilidad de realizar un viaje al extranjero.
Son parte de una generación de mexicanos sin sueños envuelta en la pesadilla de la crisis económica.
Ni estudian, ni trabajan. A estos jóvenes se les conoce ya como “los NiNi”.
Según cifras del Instituto Mexicano de la Juventud en la actualidad existen siete millones de jóvenes bajo esa condición y, lo peor es que la cifra va en aumento.

¿Quiénes influyen sobre el jóven?

Emancipación familiar: En la adolescencia los espacios donde son posibles las interacciones sociales se expanden, mientras que se debilita la referencia familiar. La emancipación respecto a la familia no se produce por igual en todos los adolescentes; la vivencia de esta situación va a depender mucho de las prácticas imperantes en la familia. Junto a los deseos de independencia, el adolescente sigue con una enorme demanda de afecto y cariño por parte de sus padres, y estos a su vez continúan ejerciendo una influencia notable sobre sus hijos.
En nuestra sociedad se esta produciendo cada vez más un aplazamiento de las responsabilidades sociales y la adquisición de la propia independencia. Algunos adultos continúan siendo eternamente adolescentes: se habla del síndrome de “perpetua adolescencia”, con sentimientos de inferioridad, irresponsabilidad, ansiedad, egocentrismo, etc.

El grupo de compañeros: Paralelamente a la emancipación de la familia el adolescente establece lazos más estrechos con el grupo de compañeros. Estos lazos suelen tener un curso típico: primero es la pandilla de un solo sexo, más tarde se fusionan con las pandillas de distinto sexo, y al final se acaban consolidando las relaciones de pareja.

Por lo general el adolescente observa el criterio de los padres en materias que atañan a su futuro, mientras que sigue más el consejo de sus compañeros en opciones de presente.

Enseñanza de valores

Los valores son una parte fundamental para el ser humano como ser íntegro y útil en la sociedad. Estos permiten que la sociedad y los individuos vivan con y en armonía, lo que genera paz y un bienestar colectivo para que la vida sea llevada a cabo de forma agradable, amena y beneficiosa. Si bien los seres humanos en nuestros primeros años pasamos gran parte del tiempo en las escuelas, hay que resaltar que el núcleo de la sociedad es la familia y por ende, los fundamentos básicos del ser humano provienen de este núcleo. El principal fundamento que nos otorga la familia es la educación, la cual será el reflejo de nuestro actuar en la sociedad. Evidentemente la escuela es para los jóvenes el primer escenario de sociedad en la vida, y es ahí donde estos valores se verán puestos en práctica. La escuela trae todos los beneficios y los prejuicios que la sociedad en general conlleva y por lo tanto, es el lugar propicio para que la persona complemente su desarrollo como ser social. Si bien la escuela debe tener normas fundamentadas en los valores, los valores en los que estas se fundamentan NO deben ser enseñados en la escuela sino en la casa. Decir que los valores no son enseñados en la escuela no es un pretexto para justificar el libertinaje, si ya el joven tiene una estructura sólida como persona, no actuará en contra de estos principios con los cuales ha sido criado y que provienen de lo que para él representa su núcleo en la sociedad. Cuando un joven recibe una estructura débil en casa, muy probablemente esta será un espejo de ese núcleo en la sociedad y por más enseñanzas externas de los valores, sino se aprendió del primer núcleo, no se aprenderá de ninguna otra parte. Si bien la escuela de alguna forma refuerza los valores, no los enseña pues esto sólo ocurre en el hogar donde se debe adquirir un orden básico de comportamiento. Los padres no pueden delegar la función de formadores a los maestros, así ellos hagan parte de esta formación, pero si necesitan cimientos previamente consolidados para poder llevar a cabo su labor. Los padres no pueden ser ajenos a la realidad de que la educación más importante se da en el seno del hogar y no en las aulas escolares.

¿Cómo motivar al jóven?

En psicología y filosofía, motivación son los estímulos que mueven a la persona a realizar determinadas acciones y persistir en ellas para su culminación. Este término está relacionado con voluntad e interés.
I. A continuación se presentan algunos factores que suelen contribuir al bajo nivel de motivación en los adolescentes:
• Cambios biológicos. El comienzo de la pubertad y los cambios que se registran en el cuerpo, suelen ser un factor de angustia, preocupación, distracción.
• Preocupaciones emotivas. A las inseguridades físicas se suma otro tipo de preocupaciones, como por ejemplo el no pertenecer al grupo "popular" de la escuela.
• El ambiente escolar. Un adolescente puede perder la motivación cuando pasa de la escuela primaria a la secundaria: puede sentirse perdido en la nueva escuela o sobrecargado con la mayor cantidad de trabajo escolar.
• Percepción de las capacidades. Cuando los jóvenes entran en la adolescencia, a veces comienzan a creer que la capacidad intelectual es fija. Comparan su capacidad con la de otros y se sienten disminuidos. A veces creen que si tienen que esforzarse mucho, es porque tienen menos capacidad. Esta perspectiva suele ser desalentadora: ¿para qué esforzarse demasiado si el esfuerzo no les ayuda a mejorar?
• Falta de oportunidades. Algunos jóvenes carecen de oportunidades de participar en actividades extraescolares que fomenten su entusiasmo. Es importante buscar en las escuelas, en los centros comunales propuestas accesibles de actividades para los adolescentes.
• Baja de atención. Algunos profesores observan que es muy difícil conseguir que los estudiantes se concentren en un proyecto escolar cuando están acostumbrados a programas de televisión y otras presentaciones que son rápidas, cortas y requieren de un bajo nivel de atención.
Sucede que los adolescentes deben aprender y descubrir que el éxito en la escuela requiere de tiempo y esfuerzo. Son muchas las cosas que compiten por la atención de los jóvenes quienes, muchas veces, esperan que la escuela y sus actividades sean siempre emocionantes.

En casa se puede alentar y dar oportunidades al jóven, enseñarle que los altos logros académicos generalmente exigen un verdadero esfuerzo; que en la escuela y en la vida pueden aprender crecer y disfrutar mediante actividades que no siempre son pura diversión.

II. A continiuación se ofrecen algunas sugerencias para fomentar la motivación en los adolescentes:
• Dar un buen ejemplo. Los adolescentes aprenden mucho al ver a sus padres cumplir con su trabajo y sus obligaciones.
• Enseñarles a ponerse metas y a trabajar para alcanzarlas. Ayude a su hijo a comprender el valor de enfrentar los desafíos y a descubrir la satisfacción que produce superarlos.
• Ofrecerles la oportunidad de realizar actividades extraescolares. Los adolescentes necesitan tener oportunidades para desarrollar sus talentos. Quizás su hijo necesite algunas sugerencias para comenzar un nuevo proyecto: pregúntele si le interesa realizar un curso de inglés, una clase de arte o practicar algún deporte.
• Alentarlos con elogios. Felicite a su hijo cuando ha hecho bien una actividad; la tarea escolar por ejemplo.
• Detectar y desarrollar sus puntos fuertes. Todos tenemos alguna capacidad especial en alguna área. Identifique qué es lo que su hijo sabe hacer mejor, en qué tiene más habilidad y motívelo a que la desarrolle.
• Establecer comunicación con la escuela. Comuníquese con los maestros, los tutores escolares o el director de la escuela cuando sea necesario.
• Fijar metas, objetivos realistas. Cuando se les pide a los jóvenes que logren lo imposible, dejan de esforzarse. No presione a su hijo a participar en actividades que no quiere realizar (aunque a usted pueda parecerle maravillosa).
Y es ésta una de las claves. Su hijo es otra persona: con sus gustos, habilidades e inquietudes. Déjelo desarrollarse; es decir: a la hora de estimular, fortalezca los intereses que él presenta, no los que usted considere que debería desarrollar.